Ley de causa y efecto

La ley de causa y efecto nos dice: “toda causa tiene su efecto, todo efecto tiene su causa”. Todo sucede de acuerdo con la ley, la suerte no existe; hay muchos planos de causalidad, pero nada escapa a la ley. Es por esta ley que todas las cosas son, han sido y serán. Es la misma ley conocida en la filosofía como el principio de causalidad. En el materialismo dialéctico se le conoce como la unidad de los contrarios; en la ciencia actual la encontramos expresada en la tercera ley de Isaac Newton: la ley de acción y reacción; además se encuentra expresada en casi todos los libros sagrados de las diferentes religiones, con muy variados ejemplos como el pasaje bíblico que nos dice, que aquello que sembremos eso mismo habremos de cosechar. En el universo, todo movimiento tiene su verdadera resonancia, su propio efecto; todo cuanto sucede, las consecuencias de esos sucesos y todo acontecimiento son causales y no casuales; es por ello que nada se da al azar, ni siquiera la caída de una hoja; todo en el universo se concatena. La ley de causa y efecto se manifiesta tanto el plano físico como en los planos de cuarta dimensión, ya que ni con la desencarnación podemos apartar el efecto de la causa y es aquí donde encontramos la explicación a la reencarnación o secuencia de vidas en las cuales tiene lugar la adquisición de experiencias y la aplicación de la justicia retributiva. Sin embargo, el proceso evolutivo del hombre y del universo no se limita simplemente a un ajuste de causas y efectos; si fuera así, nos encerraría en un camino circular que nos llevaría a dar vueltas continuamente sin llegar nunca a un fin; por lo tanto, todas las cosas y el hombre mismo se mueven en ciclos progresivos ascendentes, de manera que puedan gozar de todas las ventajas y de todas las oportunidades de desarrollo que el universo puede ofrecerles. Esto quiere decir que tal como el anochecer trae como efecto el amanecer, el sol sale cada mañana, pero cada mañana ha progresado o adelantado más en su jornada anual. Del mismo modo, el hombre regresa mediante la reencarnación para adquirir nuevas experiencias, y por medio de la aplicación de las leyes universales, va dominando sus costumbres negativas y aumentando su nivel vibratorio, logrando progresar o avanzar más hacia la meta de la perfección hasta lograr la unificación en los planos del mundo espiritual. El hombre, los grupos sociales, las naciones del mundo, están sujetos a la ley universal. Todos los males y las enfermedades obedecen a lo que realmente merecemos. Por lo tanto, dominando el hombre sus actitudes, sus pensamientos y sus obras, podrá lograr su verdadero avance evolutivo y podrá transformar su mundo un verdadero paraíso

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