La ley de correspondencia

La ley de correspondencia se basa en el enunciado de: “como es arriba es abajo, como es abajo es arriba”. Este principio encierra la verdad de que entre los diferentes planos en que se manifiesta la vida y todo cuanto existe en el cosmos, hay una concordancia o correspondencia que los unifica y nos permite entenderla y reconocer la clave para dar respuesta a las grandes inquietudes e interrogantes que encontramos en el transcurso de nuestra vida y en la naturaleza, ya que aplicando este principio veremos que las formas más minúsculas son un perfecto reflejo de las mayores. Veremos que el macrocosmos es igual al microcosmos y que al hombre mismo; al estudiar el átomo comprenderemos un sistema planetario y viceversa. Para facilitar el estudio de esta ley la filosofía hermética considera que la vida se manifiesta en los planos principales: primero, el plano físico; segundo, el plano mental y tercero, el plano espiritual. En realidad son uno solo, únicamente están separados uno del otro por su grado de vibración electromagnética de tal forma, que a mayor vibración tanto más elevado es el respectivo plano. Por lo tanto no existe exactamente una línea que los separe sino que se van esfumando el uno del otro hasta construir un todo armónico, siendo su punto de manifestación más bajo o denso, la materia y el más alto o sutil, el espíritu. Podemos pasar del plano físico espiritual en forma ascendente, o bien, del plano espiritual al físico en forma descendente. Para pasar del plano físico al mental es necesario aprender a catalizar la mente, y para pasar del plano mental al espiritual es necesario catalizar los tres. Por medio de la ley de correspondencia podemos, partiendo del átomo, conocer las moléculas, los tejidos y el microcosmos y a partir del microcosmos analizar los sistemas solares, planetas y lunas, lo cual nos lleva conocer las galaxias y de ahí al cosmos. Igualmente podremos conocer la correspondencia que existe en el plano físico y astral y comprender, como un ser al desencadenar, por correspondencia va al lugar que le corresponde, de acuerdo al manejo de energía realizado por él durante su vida como encarnado. Este mismo principio nos permite entender que tal como es arriba un Padre todopoderoso creador, abajo es un hijo que también tiene la capacidad de crear, porque ha sido creado a su imagen y semejanza. Igualmente este principio nos permite conocer estudiando la respiración, por ejemplo, la creación y transformación de los mundos y sistemas. En igual forma conociendo la estructura misma del ser humano, veremos que ésta tiene una similitud con los mundos; por eso se dice que las almas y los mundos se parecen, porque hay una correspondencia o correlación.

Publicado originalmente en: https://cienciacosmica.net/las-siete-leyes-universales/

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